No hay luz bajo la nieve

No hay luz bajo la nieve Nacho Zubizarreta

Nota: no acepto obsequios de editoriales ni subvenciones por escribir mis comentarios / reseñas. Yo me financio mis lecturas y opino sobre lo que leo con mayor o menor acierto, pero siempre con honestidad.No hay luz bajo la nieve

No hay luz bajo la nieve

No hay luz bajo la nieve Nacho Zubizarreta

No hay luz bajo la nieve es la última novela negra de Jordi Llobregat hasta la.

En una estación de esquí en construcción en los Pirineos, entre Francia y España con la intención de que albergue los JJOO de invierno, sucede un asesinato de características peculiares. A partir de ahí se inicia una colaboración entre los dos países para descubrir quien está detrás de este y otros asesinatos que se sucederán en la zona.

Si quieres saber más sobre No hay luz bajo la nieve, mira mi video.

 

Vestido de novia, de Pierre Lemaitre

Portada novela vestido de novia

Cuando abordas una novela negra debes asumir que te van a engañar. Y ese engaño (o mentira o ficción) forma parte del juego, del deleite de la lectura. Pero el nivel de embuste que estamos dispuestos a aceptar es limitado, narrativamente hablando. Y es ahí donde Vestido de novia, de Pierre Lemaitre chirría. Lemaitre ha escrito una novela ágil, vibrante y entretenida, pero tensa la cuerda en exceso y exige del suspicaz lector, demasiado crédito. Tras un comienzo potente, las pequeñas (y no tan pequeñas) licencias que se toma para contar esta rocambolesca historia son exageradas. Sobre todo en lo que se refiere a la creación del antagonista. Totalmente inverosímil, su presencia provoca que poco a poco te distancies de la novela para llegar a un final grotesco (por no decir ridículo).

Portada novela vestido de novia
Portada de la novela.

OJO: HAGO SPOILERS DE TODOS LOS TAMAÑOS Y COLORES. TAMBIÉN ME PERMITO LA LICENCIA DE SOLTAR ALGÚN QUE OTRO TACO. QUEDAN AVISADOS.

Vestido de novia, primer acto

Sophie es un desastre. Está siempre ida, tiene episodios de ausencias, pierde cosas y duda constantemente de sí misma. Además arrastra un pasado terrible que incluye un aborto y la muerte de su marido. A pesar de su deplorable estado, un confiado matrimonio burgués, la contrata como canguro de su hijo, niño al que para colmo Sophie detesta. Una mañana, al ir a despertarlo, se lo encuentra estrangulado. La casa está cerrada, no hay nadie más así que da por sentado que ha sido ella misma la que en uno de sus episodios de ausencia lo ha asesinado. Recoge sus cosas y huye. Por el camino una mujer que se ofrece a ayudarla acaba acuhillada. Sophie vuelve a creer que ha sido ella otra vez. ¡Qué mañanita lleva la chica! Hasta aquí Vestido de novia va bastante bien. Lemaitre describe con mucho tino el estado de desasosiego de la protagonista, arrastrándonos por el filo de la locura con sabiduría. A la pobre Sophie no le queda más que huir, huir y huir.

Seis meses después Sophie sigue huyendo. Va de pueblo en pueblo, realizando trabajos miserables, en los que no le piden papeles y sin crear afinidad con nadie. Esa es su vida de mierda. Continúa con sus lagunas mentales, con su abatimiento, el eterno cansancio y fumando sin parar. Un día se le ocurre que podría poner fin a esa miserable vida si consiguiera un marido que le diera una nueva identidad para así borrar del mapa a Sophie, la asesina más buscada por la gendarmerie. Se apunta a una agencia matrimonial (¿donde estaban meetic o tindr en la Francia del 2008?) y empiezan a ver candidatos. A final se decanta por uno más bien soso pero que parece buen tipo.

En esta primera parte de Vestido de novia hay que reconocerle a Lemaitre el talento para hacer que todo fluya, sea ágil y entretenido. Sigamos.

Vestido de novia, segundo acto

Reculamos dos años. Sophie es monísima, está felizmente casada con un tío cañon y bien posicionado, tiene un trabajo fetén en una galería de arte y se mantiene delgada cual teenager. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Pero hete aquí, que aparece un caballero que la toma con ella y se dedica a putearla. Pero putearla de lo lindo.  Poco a poco la va drogando, le borra mails, le cambia citas, destruye informes, le esconde cosas, le mueve el coche de sitio e incluso provoca una plaga de ratas en su casa. Así día tras día, hasta que Sophie comienza a dudar de su cordura. Tras varios meses en este plan, pierde el empleo y el hijo que esperaba. Además, algunos de sus conocidos fallecen en extrañas circunstancias. La gota que colma el vaso es la muerte de su marido en un accidente de coche provocado por la conducción temeraria del susodicho malaje. Echa polvo, Sophie decide abandonar su vida y acepta el trabajo de canguro con el que da comienzo la novela. 

Aquí empiezan los problemas de Vestido de novia. Los nuestros también, me refiero a los lectores. Esta parte del libro es excesivamente larga. Además se puede entender una venganza in situ o la espera al momento oportuno, pero ¿algo tan frío, laborioso y largo en el tiempo? No sé, no sé… Te entran ganas de animar al hombre para que mate a Sophie de una vez. Además el malvado en cuestión es un genio de la informática e internet, sabe de fontanería, cerrajería, mecánica, anatomía humana, arte, motociclismo, retoque fotográfico, química, técnicas de espionaje, le da tiempo de ir al gimnasio porque está cachas y tiene el don de la oportunidad. Lemaitre deja claro, eso sí, que no trabaja, que es millonario. ¡Porque es un poco cabrón, que si no sería el marido perfecto! Pero nada de lo anteriormente descrito es comparable a sus dotes psicológicas, de persuasión y sugestión. Con una mezcla de indolencia e ingenuidad consigue que la pobre Sophie lo elija precisamente a él como futuro marido de entre todos los candidatos. ¿Cómo te quedas? Pues igual que yo cuando empecé a intuirlo. 

Vestido de novia, el desenlace

Tragado ese sapo, llegamos al tercer acto de Vestido de novia. Franz, el malvado, y Sophie se han casado. Él sigue en su tónica de putear a la chica -esposa ahora-, y tenerla atontada. Su intención es matarla pero por algún motivo prefiere esperar. ¿A qué? Un día ella descubre que él ha sido su maltratador en la oscuridad y causante de las desgracias de los últimos tres años. Tras el shock inicial quiere matarlo pero entre una cosa y otra tampoco acaba de encontrar el momento. Nota: lo que en el fondo pasa es que tal como Lemaitre estructura la novela, tiene que dar tiempo a que Franz encuentre el informe donde se da la clave del misterio. Y este no es otro que un dossier médico que explica el suicidio de su madre. Y ahí nos tiene Lemaitre a todos, esperando. ¡Ay, las madres! Todo psicópata que se precie tiene madre. Ya puede ser dominante, o pasota o ausente o demasiado presente. Comporte como se comporte, una madre será siempre el motivo de los asesinatos de su hijo.

Leído el informe Franz queda en un estado catatónico que tampoco te explicas, pues está redactado por el objeto de su odio, que no es otra que la madre de Sophie que atendía a la santa madre de Franz cuando esta se suicidó lanzándose al vacío con su vestido de novia (detallazo freudiano que no sabemos muy bien a que viene, la verdad).  Lo normal, quizás, sería que hubiera contrastado dicho informe que tanto le ha impresionado con otro profesional. Pero no, él se cree a piesjuntillas lo que dice el informe redactado por el objeto de su odio. El impulso y la fuerza que ha desarrollado durante todo Vestido de novia, se le acaba como a un muñeco Michelin deshinchado (guiño a La France).

La intención de Franz en un principio era acabar con la madre de Sophie. Pero la muy desconsiderada tuvo el mal gusto de pillar un cáncer terminal y morirse por su cuenta. ¡Qué larga la tía! ¿Y qué hace Franz? Lo que haría cualquiera: traspasar el odio que siente por la mujer a su hija, como si los sentimientos fuera transferibles.

Sí, lo sé, lo sé. Me está quedando una reseña un tanto complicada (y larga). Solo añadiré que al final, Sophie decide por fin matar a Franz con un sugerente cocktail de pastillas -¡qué facilidad tiene esta pareja para hacerse con medicamentos prohibidos!-. Él acepta tomárselas, tal es el disgusto que lleva encima. Ella le viste con el susodicho vestido de novia con el que se suicidó la madre y le pinta los morros con carmín. Palabra. Y se larga. Él sale al balcón y se tira (evitando así que Sophie quede como asesina). Fin. Ah, Sophie, como esposa legítima, hereda los tropecientos millones de Franz, eso sí.