Los mares del Sur, ejercicio poético de Vázquez Montalban.

Los clásicos son para el verano, como he dicho ya en más de una ocasión. Con tal motivo, y tras escribir un artículo sobre Manuel Vázquez Montalban, me entraron una ganas locas de atacar de nuevo su obra. Me decanté por Los mares del Sur, quizás la más conocida y que según muchos, es la mejor novela negra española.

AVISO: HAGO TODO TIPO DE SPOILERS SIN CORTARME UN PELO.

 

Portada Los mares del Sur
Portada original de Los mares del Sur.

Trama de Los mares del Sur

Carlos Stuart Pedrell, un influyente hombre de negocios que se suponía de viaje por los Mares del Sur, aparece cosido a navajazos en un solar abandonado en el extraradio barcelonés. El abogado de la familia, contrata a Pepe Carvalho para averiguar qué hizo la víctima durante el año entero durante el cual todos sus allegados creían que estaba disfrutando en la Polinesia que nunca llegó a pisar.

Como en toda novela negra,  el asesinato es lo de menos, de lo que va Los mares del Sur es de saber en qué estuvo metido Stuart Pedrell durante ese tiempo y cual es el entorno social que permitió que su muerte sucediera.

Opinión

Los Mares del Sur es una novela excelente, entretenida y amena y cumple su objetivo principal: describir a la perfección la situación política y social de la Barcelona de la transición, vendida a la especulación. El tocho, el maldito tocho, es el único negocio que sabemos hacer en España (frase literal, más o menos, de la novela). Y al tocho se deben las grandes fortunas de nuestro país que mueven los hilos de la política y de las vidas de los ciudadanos de a pie. Todo ha cambiado desde entonces. Barcelona es hoy en día una ciudad moderna, más limpia, reconocida mundialmente, pero en esencia, todo sigue igual.

Carvalho es moralmente ambiguo, sobretodo en lo tocante al sexo. Y eso mola. También me gusta que sea un perdedor y que se sienta mucho más próximo a las clases bajas pero dignas del Barrio Chino que a los ganadores, siempre victoriosos  gracias a las malas artes. Me gusta que su familia sean sus amigos: Biscuter, Bromuro y Charo, la pobre Charo. Ni mujer ni hijos ni historias. Una familia disfuncional bien avenida. Carvalho no cree en el amor. O mejor dicho, no cree en la pareja convencional. Por que el amor está por todos lados. Por otro lado, ninguno de los personajes de la novela parece atenerse a demasiadas consideraciones éticas, lo que resulta un alivio. Nada más aburrido a estas alturas que los prejuicios derivados de actitudes religiosas.

Por otro lado chirría un poco que tenga una casa con jardín en Vallvidrera con vistas sobre Barcelona, algo a todas luces excesivo para un detective de tres al cuarto que lleva varios meses sin trabajar, tal como se indica al principio de la novela. También me aleja del personaje que se permita visitar con frecuencia restaurantes caros y beber espirituosos de marcas centenarias. Son licencias literarias para hablar de gastronomía -otro de los intereses de Vázquez Montalbán-, de acuerdo. Pero no puedo dejar de preguntarme cómo un tipo así puede llegar a fin de mes.  A mi parecer esos detalles le dan al protagonista una patina snob, que entronca perfectamente con la conocida como  gauche divine barcelonesa, esa burguesía intelectual catalana, que brindaba con champagne en Bocaccio por los avances del socialismo.

Trasfondo poético

Uno de los apartados que más me ha gustado de la novela es el trasfondo poético. Cuando la víctima expresa su deseo de ir a los mares del Sur está lejos de referirse a un viaje majestuoso a las islas paradísiacas de Pacífico, no. Habla de visitar el sur metafórico, el sur de la ciudad, el sur como lugar todavía virgen, por desarrollar, donde viven los humildes explotados por las élites. Ese Sur paradisíaco no es más que volver a la sencillez, tanto personal como social. Este planteamiento «romantico» dota a la novela de un calado especial, de un poso de  épico que trasciende del propio relato y que deja un recuerdo de melancolía en el lector. Cual héroe trágico, el infame especulador Stuart Pedrell abandona su palacio de oro para trasladarse a vivir a un mísero barrio de clase obrera con cuya construcción se ha enriquecido.  Allí permanecerá un año, trabajando como simple contable en una modesta empresa, en un lugar que evidentemente no es el suyo, cuyas normas desconoce y que acaba por expulsarlo. Pero tampoco es bien recibido de vuelta en las altas esferas, pues ha traicionado a los suyos.  A Stuart Pedrell sólo le queda una opción: morir dignamente.

El propio abogado de la familia que ha contratado al detective es uno de los responsables de su trágico final lo  que viene a reafirmar la épica. Nadie espera que Carvalho de con la verdad: todo es un paripé. Todo es cinismo e hipocresía.

Paradójicamente, es en ese sentido donde también le encuentro el mayor fallo a la novela. El razonamiento que lleva a Carvalho a la conclusión de que los «mares del Sur» no son la Polinesia si no el barrio de San Magín de Hospitalet me parece poco elaborado. Creo que ese punto debería estar más desarrollado por que da la sensación de que esa información se la chiva algún dios despistado en un episodio cercano al coma etílico con unos amigos poetas.

Momento histórico

El lector no debe perder de vista que Vázquez Montalbán escribió (o publicó) Los mares del Sur en 1979, hace la friolera 40 años. El estilo directo casi periodístico y los paisajes conocidos le dan un aire muy actual. También es cierto que hay planteamientos de la novela que hoy en día, bajo el imperio de lo políticamente correcto, harían fruncir el ceño a más de un@. Los mares del Sur destila el machismo soez imperante en aquella época. La relación sexual que Carvalho mantiene con la hija adolescente de su cliente sería tachada hoy en día como mínimo, de gusto dudoso.  O ciertos comentarios sobre los homosexuales y el colectivo gay, entre otros, resultan cuanto menos, chocantes. ¿Abordaría el autor esas cuestiones de la misma manera en la actualidad?

En comparación con el género negro actual, Los mares del Sur adolece de cierta falta de tensión. Hoy en día los thrillers son más intensos, plagados de pasajes potentes que dejan al lector sin aliento, influenciados por el cine y las series, sin duda.  Además las tramas suelen estar sobrecargadas de altas dosis de violencia y las relaciones entre los personajes son más extrema a fin de ganar vigor (que en muchas ocasiones resulta artificioso, cuando no vano). En Los mares del Sur todo ocurre de manera educada y civilizada, como reflejo de las altas esferas en las que la trama nos sitúa. La única escena de acción, cuando Carvalho se enfrenta a los navajeros,  es breve y en ningún momento nos hace temer por la integridad del protagonista.

Fresco social

Donde Montalbán brilla con intensidad es en el análisis social. Su lenguaje periodístico, sus exhaustivo conocimiento de la historia reciente de España y de la realidad de la Barcelona del momento, tanto en lo artístico como en lo  político pasando por lo gastronómico hace de Los Mares del Sur en fresco inmejorable de la transición. En momentos, las disquisiciones políticas y empresariales tan pormenorizadas se hacen algo tediosas (se me ocurre, por ejemplo, la comida empersarial a la que acude Carvalho es totalmente prescindible) pero es en ese análisis donde Montalbán (periodista de profesión) se crece y es eso lo que le interesa transmitir: el entorno social donde sucede la acción.

Personalmente lo que más he disfrutado de la re-lectura (había leído la novela hacía mucho tiempo) ha sido reencontrarme con la Barcelona de mi infancia. La Barcelona pre-olímpica, sucia, sin diseño pero llena de vida y de barceloneses antes de que los turistas vinieran a echarnos a patadas con el beneplácito de todos los gobiernos que han pasado por el Ajuntament estos últimos 40 años.

 

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