El salón de oro

Salón de oro
Suntuoso Salón de Oro en 1915. Forma parte del Palau Maricel de Sitges.

La trama de mi tercera novela de la saga del detective Lucas Rozman, que estoy escribiendo en estos momentos, me ha llevado a indagar sobre una de las etapas más apasionantes de la historia de Sitges. En ella tiene mucho que ver el Salón de Oro del Palau Maricel, que aparece en la foto. 

Hace algo más de un siglo ocurrieron tres cosas muy peculiares en este, por aquel entonces, insignificante pueblo de pescadores de la costa de Barcelona, que marcaron su futuro de manera significativa.

Americanos

Regresaron los emigrantes que habían ido a Cuba y Puerto Rico con la intención de hacer fortuna. La mayoría volvieron tan pobres como habían partido pero unos cuantos hicieron mucho dinero. De entre estos destaca Facundo Bacardí, que creó la destilería de ron que llevaría por nombre su apellido y que hoy en día es uno de los emporios de bebidas alcohólicas más importantes del mundo.

Los americanos, como se les llama en Sitges, edificaron hermosas mansiones en gran medida para dar a conocer su nuevo estatus. La construcción de estas mansiones propició un cambio sustancial en el aspecto de pueblo. Hoy en día hay censadas todavía más de 90 casas de americanos, de las cuales 20 son de estilo modernista.

Los recién llegados dinamizaron también la vida cultural de la villa. Organizaban veladas artísticas, encuentro de artes varias e incluso algunos contrataban compañías italianas para representar óperas en sus salones privados. 

Uno de los datos más silenciado en esta época es que algunos de estos americanos habían hecho fortuna con el comercio de esclavos.

Santiago Rusiñol.

El segundo aspecto que provocó este viraje profundo en el devenir de Sitges fue la llegada de Santiago Rusiñol.

Rusiñol pertenecía a una familia acomodada de la burguesía barcelonesa. Sin embargo, el joven Santiago tenía vocaciones más artísticas que empresariales. Estaba dotado de inquietudes estéticas, gran tesón y don de gentes que sumadas a su evidente talento artístico, le llevaron a erigirse como una de las figuras más importantes del floreciente modernismo catalán.

Cuenta la leyenda que un día, la tartana que le llevaba a Vilanova i la Geltrú realizó un alto en Sitges. Rusiñol salió a estirar las piernas y se enamoró del pueblo. Sobretodo de la luz, que, aseguraba, en Sitges era especial. En menos de una semana había comprado una casa frente al mar que bautizó con el nombre de Cau Ferrat. Allí se instaló y en ella también exponía su colección de cuadros, hierro forjado, cerámicas y esculturas.

El carisma de Santiago Rusiñol provocó que infinidad de personalidades de todos los ámbitos y visitaran Sitges. El ferrocarril, en funcionamiento desde 1888, facilitaba el transporte. El mismo Rusiñol propiciaba encuentros artísticos en su casa, como el pasacalles que organizó para dar la bienvenida a los dos cuadros del Greco que compró en París (La Magdalena penitente y Las lágrimas de San Pedro) y que son parte fundamental de mi novela Juegos Salvajes. 

Juegos Salvajes

El aire de libertad y creatividad que trajeron todos aquellos pintores, escultores, escritores y actores de la época impregnó las calles, las playas y todo el Garraf y llegó hasta nuestros días. El Sitges de la actualidad está marcado por esa actitud liberal, moderna y conciliadora que empezó a forjarse hace más de un siglo.

Deering

En 1910 Charles Deering visitó Sitges de la mano del pintor Ramón Casas. Ambos acudían a una de las reuniones artísticas a las que Santiago Rusiñol, amigo de Casas, era tan dado a organizar.

Deering era un rico empresario americano y el coleccionista de arte más importante del mundo en su momento. Al igual que la había ocurrido a Rusiñol años atrás, Deering también cayó prendado de Sitges y subyugado, además, por la rica vida cultural de aquel pequeño pueblo de pescadores propiciada también por la llegada de los americanos, los inmigrantes enriquecidos en Cuba y Puerto Rico.

Deering quiso comprar el Cau Ferrat, pero Rusiñol se negó a venderlo, así que el americano decidió construir su propio palacio, más grande y suntuoso, con una parte destinada a vivienda y otra para albergar su inmensa colección. Para ello contrató los servicios de Miguel Utrillo, otro de los eminentes integrantes del modernismo catalán. Se hizo con el antiguo hospital de Sant Joan Baptista y también con las casas de pescadores aledañas y edificó un casoplón al que incorporó elementos ornamentales y arquitectónicos adquiridos de edificios emblemáticos e históricos repartidos por la geografía nacional.

El Palau Maricel, pues así lo bautizó, estuvo en construcción cuatro años (de 1913 a 1917). Deering y familia vivieron en Sitges hasta septiembre de 1921, momento en el que se marcharon por sorpresa, llevándose su colección de arte. 

Jamás volvieron a pisar el pueblo.

Mucho se especula sobre los verdaderos motivos de la sorprendente partida de Charles Deering. La inmediatez y contundencia de la misma (no volvió jamás a Sitges cuando sí que lo hizo al Castillo de Tamarit, a escasos kilometros) indican que algo sucedió que molestó/dolió profundamente al americano.  

En mi próxima novela negra yo añadiré de mi propia cosecha algunos motivos. No son reales, se trata de una novela de ficción, pero os aseguro que serán los más interesantes.

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