Cicatriz

Cicatriz

Cicatriz es el penúltimo thriller (hasta la fecha) de Gómez-Jurado. Me gusta como escribe; sus textos son ágiles y conecto con el tono irónico que imprime a sus obras, las frases hechas y los detalles de cultura popular que salpican sus novelas. Reina Roja me convenció bastante, por eso me decidí a volver a él con Cicatriz

Cicatriz
Cicatriz

CICATRIZ: SINOPSIS

Simon es un friki con una vida desdichada. Entregado en cuerpo y alma a Lisa, un prometedor programa informático que parece no interesar a nadie, Simon malvive en la casa heredada de sus padres, sin muebles ya, pues los ha tenido que ir malvendiendo, y debe hacerse cargo de un hermano con síndrome de down. Un día se cruza en su vida un magnate de la informática con el que llega a un acuerdo que es una trampa: invertirá una fortuna en Lisa si en un breve plazo de tiempo logra resultados fiables. Si no, el magnate se quedará con Lisa. A su vez, Simon se pone en contacto con Irina, una despampanante chica ucraniana a la que conoce en una web de contactos especializada en mujeres rusas. Todo se complica el día que su único socio y amigo aparece asesinado.  

CICATRIZ: COMENTARIOS

La trama de Lisa, la cuenta atrás impuesta por el magnate, los tejemanejes que tienen que sortear para llegar a conseguir los resultados exigidos, me resultan fascinantes. 

La trama de Irina, su pasado en Ucrania, cómo ha llegado a convertirse lo que és, la guerra de Afganistán y demás, me importa un pimiento, la verdad. Las tramas bélicas no me gustan, lo reconozco. Todo está muy bien documentado y justificado, pero me interesa cero. Y esa parte, como mínimo, es la mitad de la novela. 

CICATRIZ: CONCLUSIÓN

Conclusión: Cicatriz es una novela negra ágil y amena que toca temas que personalmente me interesan poco. 

El giro final tampoco creo que venga demasiado a cuento ni que aporte nada a la historia más allá de eso, de intentar sorprender al lector.  

 VALORACIÓN: 7/10 

Juan Gómez-Jurado
Juan Gómez -Jurado durante la promoción de Cicatriz

Microhomofobia

Soportamos día a día tal cantidad de microhomofobia que llega un punto que no somos conscientes. Eso es lo que me pasó ayer.

microhomofobia

Me reuní con una agente literaria para tratar diversos temas de mi próxima novela. En un momento dado me hizo un comentario que al principio dejé pasar por alto. Era tal el aluvión de conceptos  que me estaba suministrando -todos positivos y muy valiosos, de verdad- que no caí en el trasfondo de lo que significaba esa frase. También debo admitir que no soy rápido procesando información.

Me comentó que en el texto de la contraportada de mi novela’Nada es cierto‘ debería ‘avisar’ de que el protagonista es gay. Y añadió algo así como que si no, estaba engañando al lector.

Esta mañana, repasando las notas de nuestra conversación he caído en la terrible microhomofobia que esa frase encierra. Vamos por partes, que diría Jack, el Destripador. Escribí la novela voluntariamente de manera que la sexualidad del protagonista no tuviera importancia en la trama. El prota es gay como podría no serlo porque eso en el fondo da igual. Esta es mi filosofía en la vida; la orientación sexual no importa. Lo importantes son los valores de las personas.

La novela no trata sobre los conflictos que pueda tener el protagonista con su identidad sexual o problemas derivados de la misma así que no veo porque  tendría que aparecer ese ‘aviso’ en el texto de la contraportada (que admito es muy mejorable).

Para acabarlo de arreglar me dijo que a lo mejor una señora mayor compraba la novela y una vez metida en la lectura de la misma se daba cuenta de «el pastel». Como si es pastel fuera algo repugnante de lo que hay que avisar desde el principio. Por ese mismo motivo yo podría exigir que me avisen en la contraportada de una novela de si el protagonista es heterosexual, pues me puedo ofender.

De todas esta situación, lo que más me entristece es que ni yo mismo me diera cuenta al principio del verdadero trasfondo de sus palabras. Gay como soy, tengo tan interiorizados estas pequeñas microhomofobias que las asumo como algo corriente. Como digo siempre: queda mucho por hacer.